Se atrevió a asomarse, mientras mojaba las faldas de aquellas noches olvidadas, con sus piernas separadas, abiertas, sobre aquellos contenes en los que desfilaba al desagüe, mis besos en ti. Llegabas desnuda, en aquella sombra pasajera, en aquellas nubes derramadas. En aquel animal que te socorría y te preñaba de impureza. ¿Qué pariste? ¿Un enano vagabundo? ¿Otro cuento de hadas? ¿Unos besos repartidos sobre las pieles que danzan tu bolero pervertido? ¿Qué fingiste?
¿Un orgasmo, y otro más? ¿Quién se hizo dueño de tu preñez, de tu palidez de luna? ¿Te volviste fiel? ¿O aun eres la perra que le haces el amor a las piernas extrañas? Yo, sin ser yo, sigo creyendo en tus palabras, en tu mirada. En esa tumba que se abre. En la esperanza de que aquella lluvia no caiga nuevamente sobre lo mojado. Porque estás en mí, te llevo en mí, a todas partes. Aunque abras las puertas para que vuele lejos, regresaré, a tus mentiras, a tu vanidad, a tu clítoris perfecto. A esas ataduras que me humillan. Siempre estoy, siempre estaré, esclavo, dueño, ser, sin ser, ver y callar, callar en los muertos. En el silencio de la gente, que camina, que danza, cada noche, sin luna, con lunas, aullando sus gemidos, ausentado los latidos. Porque, puedo darlo todo por ti. Porque se que de ti no recibirán migaja alguna. Ni de pan, ni de lágrimas, ni de tu dolor que calla. O el que se compra. Eres en mí, ¿puedo ser en ti? ¿Cómo dejamos que otros se adueñasen de tus senos azules, de tus piernas arenosas, de tus ojos profundos? Yo, te sueño mía, quiero una tajada de ti, y espero, a que vomites tus corrompidas lunas que te cicatrizan el vientre y que solo puedes parir tristeza que se derrama en el dolor de quienes aun tienen fe en ti.
viernes, 26 de septiembre de 2008
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