martes, 5 de enero de 2010
jueves, 5 de febrero de 2009
Perdida de Identidad
No es un secreto que los dominicanos tenemos la característica de, cuando estamos en un país ‘extraño’, adaptarnos rápidamente la manera de hablar del lugar en donde nos encontramos, pero, esto no es que aprendemos el idioma, si no que, se nos contagian las palabras, el asentó, la pronunciancion, nos olvidamos de el nombre de las cosas porque se nos enseña como es que se le llama según el lugar en donde nos encontremos, por ejemplo, ya nunca más volvemos a decirle ‘carro’ a los coches, y eso de decir ‘tú’ lo sustituimos inmediatamente por ‘vos’. Las ‘eses’ cambian radicalmente por un mal empleo de las ‘zetas’, entre otros dialectos de nuestro idioma raíz. Siempre me pregunté ¿por qué perdemos la identidad tan facilmente? Hoy, esa perdida de identidad ya no es tan sólo en el modo de hablar, hemos importado poco a poco, culturas, celebraciones, y un sin números de actividades que mezclada con nuestra raza ya mezclada hace que me pregunte ¿quienes somos?
En cierta ocasión, mientras disfrutaba como turista en mi propio país, el guia de aquella excursión hizo referencia a nuestro idioma, explicándoles a los turistas extranjeros cuales eran las características que particularmente tenía en su evolución el castellano de los dominicanos. Aclaró, que nosotros, sólo permitimos en nuestra dialecto como palabra extranjera el uso del ‘okay’, luego, ninguna más, que “somos celosos en el incluir palabras extranjeras” para decirlo tal y como saliera de su boca. Que equivocado estaba, o quizás no, quizás, como guía turístico tenía la obligación de dar una buena impresión de que tan arraigados están los dominicanos de sus culturas, en este punto, de su idioma. Pero, si hacemos una lista de todas las palabras que han distorsionado nuestra identidad necesitariamos mucho papel periódico. Y no tan sólo las palabras, ¿alguien puede decirme por qué celebramos el día de Halowen? ¿o por qué en navidad Santa Claus se destaca más que los Reyes Magos? No olvidemos que estos Reyes fueron quienes visitaron a Jesús el día de su nacimiento, ¿en donde estaba Santa en ese momento?Hoy celebramos la llegada de las estaciones del año cocientes de que este país que esta “colocado en el mismo trayecto del sol”, ¡es verano todo el año!. Pero esta práctica no es más que para motivar al consumismo, en un país que cada día es una mala copia del capitalismo. La lista también es larga de los días que hemos incluido en nuestro calendario para tener presente su celebración. Nos vamos, emigramos, y al volver, no sólo traemos distorsionado el idioma, simplemente ya no somos los mismos. Perdemos la identidad, pero decimos a viva voz que estamos orgullosos de ser dominicanos.Me pregunto: ¿ser dominicano es eso, evolución constante y olvido continuo de la cultura y los ideales? ¿Quienes fuimos, quienes somos, en quienes nos convertiremos?
En cierta ocasión, mientras disfrutaba como turista en mi propio país, el guia de aquella excursión hizo referencia a nuestro idioma, explicándoles a los turistas extranjeros cuales eran las características que particularmente tenía en su evolución el castellano de los dominicanos. Aclaró, que nosotros, sólo permitimos en nuestra dialecto como palabra extranjera el uso del ‘okay’, luego, ninguna más, que “somos celosos en el incluir palabras extranjeras” para decirlo tal y como saliera de su boca. Que equivocado estaba, o quizás no, quizás, como guía turístico tenía la obligación de dar una buena impresión de que tan arraigados están los dominicanos de sus culturas, en este punto, de su idioma. Pero, si hacemos una lista de todas las palabras que han distorsionado nuestra identidad necesitariamos mucho papel periódico. Y no tan sólo las palabras, ¿alguien puede decirme por qué celebramos el día de Halowen? ¿o por qué en navidad Santa Claus se destaca más que los Reyes Magos? No olvidemos que estos Reyes fueron quienes visitaron a Jesús el día de su nacimiento, ¿en donde estaba Santa en ese momento?Hoy celebramos la llegada de las estaciones del año cocientes de que este país que esta “colocado en el mismo trayecto del sol”, ¡es verano todo el año!. Pero esta práctica no es más que para motivar al consumismo, en un país que cada día es una mala copia del capitalismo. La lista también es larga de los días que hemos incluido en nuestro calendario para tener presente su celebración. Nos vamos, emigramos, y al volver, no sólo traemos distorsionado el idioma, simplemente ya no somos los mismos. Perdemos la identidad, pero decimos a viva voz que estamos orgullosos de ser dominicanos.Me pregunto: ¿ser dominicano es eso, evolución constante y olvido continuo de la cultura y los ideales? ¿Quienes fuimos, quienes somos, en quienes nos convertiremos?
domingo, 28 de septiembre de 2008
¿Para qué escribimos?
Cientos de miles de páginas llenan los pequeños espacios de los periódicos, libros, revistas y todo medio existente que podamos imaginar, con opiniones, sugerencias, presentando un problemática para encontrar posibles soluciones. Pero la pregunta es ¿se nos escucha, vale la pena escribir, se toman en cuenta las palabras de aquellos que queremos salvar el mundo con nuestra pluma?
No nos vamos a salir de los muros de las fronteras de República Dominicana, para no complicar las cosas, en el sentido de poner ejemplos o citar acontecimientos en tierras o panoramas distintos al nuestro. Digo esto porque nuestro país, a pesar de ser un suelo con apenas ocho millones de habitantes, existen números medios de comunicación, especialmente de la prensa escrita.Medios que en su gran mayoría tienen las páginas abiertas para opiniones o quejas de cualquier índole, ya sea para decir que ‘la calle de mi casa tiene 20 años en mal estado esperando que alguien se apiade de ella y se tome la molestia de arreglarla’, así como para decir ‘el perro de mi primo sufre de una gran fascinación por los viajes’.
En fin, los medios están dispuestos, están ahí, pero, esos que a veces queremos salvar al mundo con nuestra pluma, esos que pensamos que los males que nos afectan deben de ser escuchados, esos que vemos los problemas desde otro punto de vista, pensando quizás en el futuro inmediato de toda la humanidad, a esos, los que escribimos, ¿nos toman en cuenta? Eso de lo que nos quejamos, esas denuncias, ¿le interesan a alguien?Muchos son los problemas que se enfocan, que se detallan, pero al pasar el tiempo podemos observar que aún continúan latentes, quizás en peores situaciones que cuando la mencionamos la primera vez, y se nos destroza el alma cuando volvemos la mirada al ayer y vemos que todo el esfuerzo que se hizo o que se quiso hacer, todo lo que se dijo, lo que se quiso o se quiere salvar aún permanece en peligro.
Escribir. Nos podemos preguntar: ¿para qué o para quien escribimos?Nos encanta escribir, desde cartas de amor, hasta un ‘cuento en el exilio’, siempre con la finalidad de que eso que escribimos alguien recepte, alguien capte, alguien sepa lo que esta sucediendo, alguien actué.
Escribir. Nos podemos preguntar: ¿qué es escribir?Las cosas siguen siendo como antes, los males que nos afectan son más cada día, pero seguimos escribiendo, es algo a lo que nunca nos damos por vencidos, tenemos la necesidad enorme de que nos lean, en otras palabras de que nos escuchen, aunque podamos ver en el día a día que no se tome en cuenta nada de lo que señalamos, de aquello que llevamos al mundo, de lo que nos afecta.
Escribir, ¿qué más puedo decir? Quizás pueda repetir aquella oración que inmortalizó en mi aquel viejo amigo cuando le hice la misma pregunta ‘¿para qué escribimos?’ él simplemente respondió: "yo también quise salvar al mundo, porque la pluma seguirá siendo más fuerte que la espada, y aunque no veamos los resultados que queremos, el mensaje llegará algún día a una, aunque sea sólo a una persona, y cuando eso suceda sentiré que habré cumplido con mi trabajo"
viernes, 26 de septiembre de 2008
Perra Luna
Se atrevió a asomarse, mientras mojaba las faldas de aquellas noches olvidadas, con sus piernas separadas, abiertas, sobre aquellos contenes en los que desfilaba al desagüe, mis besos en ti. Llegabas desnuda, en aquella sombra pasajera, en aquellas nubes derramadas. En aquel animal que te socorría y te preñaba de impureza. ¿Qué pariste? ¿Un enano vagabundo? ¿Otro cuento de hadas? ¿Unos besos repartidos sobre las pieles que danzan tu bolero pervertido? ¿Qué fingiste?
¿Un orgasmo, y otro más? ¿Quién se hizo dueño de tu preñez, de tu palidez de luna? ¿Te volviste fiel? ¿O aun eres la perra que le haces el amor a las piernas extrañas? Yo, sin ser yo, sigo creyendo en tus palabras, en tu mirada. En esa tumba que se abre. En la esperanza de que aquella lluvia no caiga nuevamente sobre lo mojado. Porque estás en mí, te llevo en mí, a todas partes. Aunque abras las puertas para que vuele lejos, regresaré, a tus mentiras, a tu vanidad, a tu clítoris perfecto. A esas ataduras que me humillan. Siempre estoy, siempre estaré, esclavo, dueño, ser, sin ser, ver y callar, callar en los muertos. En el silencio de la gente, que camina, que danza, cada noche, sin luna, con lunas, aullando sus gemidos, ausentado los latidos. Porque, puedo darlo todo por ti. Porque se que de ti no recibirán migaja alguna. Ni de pan, ni de lágrimas, ni de tu dolor que calla. O el que se compra. Eres en mí, ¿puedo ser en ti? ¿Cómo dejamos que otros se adueñasen de tus senos azules, de tus piernas arenosas, de tus ojos profundos? Yo, te sueño mía, quiero una tajada de ti, y espero, a que vomites tus corrompidas lunas que te cicatrizan el vientre y que solo puedes parir tristeza que se derrama en el dolor de quienes aun tienen fe en ti.
¿Un orgasmo, y otro más? ¿Quién se hizo dueño de tu preñez, de tu palidez de luna? ¿Te volviste fiel? ¿O aun eres la perra que le haces el amor a las piernas extrañas? Yo, sin ser yo, sigo creyendo en tus palabras, en tu mirada. En esa tumba que se abre. En la esperanza de que aquella lluvia no caiga nuevamente sobre lo mojado. Porque estás en mí, te llevo en mí, a todas partes. Aunque abras las puertas para que vuele lejos, regresaré, a tus mentiras, a tu vanidad, a tu clítoris perfecto. A esas ataduras que me humillan. Siempre estoy, siempre estaré, esclavo, dueño, ser, sin ser, ver y callar, callar en los muertos. En el silencio de la gente, que camina, que danza, cada noche, sin luna, con lunas, aullando sus gemidos, ausentado los latidos. Porque, puedo darlo todo por ti. Porque se que de ti no recibirán migaja alguna. Ni de pan, ni de lágrimas, ni de tu dolor que calla. O el que se compra. Eres en mí, ¿puedo ser en ti? ¿Cómo dejamos que otros se adueñasen de tus senos azules, de tus piernas arenosas, de tus ojos profundos? Yo, te sueño mía, quiero una tajada de ti, y espero, a que vomites tus corrompidas lunas que te cicatrizan el vientre y que solo puedes parir tristeza que se derrama en el dolor de quienes aun tienen fe en ti.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Siempre tú
Estabas allí, detenida en el silencio. Como regresada al tiempo.
Te sumergías a la sombra del recuerdo,
y parecía que la vida pasaba nuevamente sobre tí.
Entonces el pasado se posó sobre tu frente, igual que en mí, y me pedías volver, volver a la vida transparente que nos soñamos, con los besos sobre las manos.
Estabas allí, ilusionando los motivos que alimentan el futuro.
Y las manos extendía como por retener la vida en ella.
Te parecías más a la que soñé, alimentando de fuerza sobregirada a el amor mientras se teñía de pureza.
¿En dónde te escondiste toda esta vida de mí?
Ahora tus pasos se acercan.
Para la vida nada es tarde si nos encontramos en ella
cuando la estamos viviendo.
Nada se regresa para la vida, sólo los ojos de nuestras mentes cuando los brindamos a los sueños, cuando los exponemos al regreso, al empezar de nuevo, con alguien nuevo, pero que ya conocemos.
Y no hablaste. Así era tal la semejanza.
Tu mirada lo expresaba todo, desde el roce de las manos, hasta la caricia que se perdía.
Y fuiste breve para decirme lo que sentías por mí: Tu abrazo infinito.
Y fuiste breve para empezar a quererme: tus besos colgados sobre el horizonte de mis labios.
No se dormía. Se respiraba. No se soñaba. Las almas cantaba.
Y se resbalaban por los sentimientos, buscando los sentimientos
perdidos.
Tú estabas allí, detrás del pensamiento, buscando los porqué inútiles, los que no nos importan sus respuestas, ya que el motivo que nos une es más fuerte que ellos.
Ahora acaricias el alba. Siempre acaricias el alba.
Después de la primera vez. Siempre estás, aunque no estés. Porque tu aroma se hace recuerdo, ese recuerdo que sacude los poros más internos de la mente. Entonces te vas, pero te quedas.
Yo sólo buscaba de la vida recoger las migajas de ternura que alguien como tú dejase en el camino.
Las recogí todas, una a una. Y de nada me quiso.
Las puertas del mundo solo daban vuelta sobre mi rostro.
Mi amor se paseaba por los jardines, quebrantándose de silencio, de soledad, de dolor.
Ya poco de lo que era el amor deseaba, en los pocos pasos de la vida que había pronunciado.
Mis mañanas igualaban mi soledad, apenas brillaban.
Nada igualaba mi dolor, quizás el sol.
¿Por qué te escondiste tanto en el camino?
¿Por qué tu sombra no esperaba su luz?
¿Por qué caminabas a mi espalda como si fueses mi conciencia?
¿Por qué no te supe esperar? Espera, olvídate de mis porqués.
Ya que después del canto, después del tiempo, después de cada cosa, tú estabas allí, diferente en mi camino, donde siempre estabas, donde no te había visto, por no querer levantar la mirada.
Esperándome, quizás como yo te esperaba. Buscándome, como yo te buscaba.
Estabas allí, mejorando las palabras.
Infiltrándote en el pensamiento de mis ojos.
Haciéndote presente, haciéndote mañana.
Por primera vez me sentí la eternidad tan breve.
Si, estabas allí, como ola que se parcha a la orilla de las playas y no se regresa al mar, para acompañarme por toda la costa de la misma y no poderte olvidar. Estabas, sin la palabra regreso. Sosteniendo el azul que te brindaban mis manos en la inmensidad del cielo y al reflejo del mar.
¿Cómo puedo revelarte mi grandeza?
Mi grandeza será quererte. Deja que te quiera, y quédate conmigo.
Quédate conmigo como se quedaron tus ojos infinitos en la
perpetuidad de mi alma, que se te reveló al punto de tu llegada.
Te sumergías a la sombra del recuerdo,
y parecía que la vida pasaba nuevamente sobre tí.
Entonces el pasado se posó sobre tu frente, igual que en mí, y me pedías volver, volver a la vida transparente que nos soñamos, con los besos sobre las manos.
Estabas allí, ilusionando los motivos que alimentan el futuro.
Y las manos extendía como por retener la vida en ella.
Te parecías más a la que soñé, alimentando de fuerza sobregirada a el amor mientras se teñía de pureza.
¿En dónde te escondiste toda esta vida de mí?
Ahora tus pasos se acercan.
Para la vida nada es tarde si nos encontramos en ella
cuando la estamos viviendo.
Nada se regresa para la vida, sólo los ojos de nuestras mentes cuando los brindamos a los sueños, cuando los exponemos al regreso, al empezar de nuevo, con alguien nuevo, pero que ya conocemos.
Y no hablaste. Así era tal la semejanza.
Tu mirada lo expresaba todo, desde el roce de las manos, hasta la caricia que se perdía.
Y fuiste breve para decirme lo que sentías por mí: Tu abrazo infinito.
Y fuiste breve para empezar a quererme: tus besos colgados sobre el horizonte de mis labios.
No se dormía. Se respiraba. No se soñaba. Las almas cantaba.
Y se resbalaban por los sentimientos, buscando los sentimientos
perdidos.
Tú estabas allí, detrás del pensamiento, buscando los porqué inútiles, los que no nos importan sus respuestas, ya que el motivo que nos une es más fuerte que ellos.
Ahora acaricias el alba. Siempre acaricias el alba.
Después de la primera vez. Siempre estás, aunque no estés. Porque tu aroma se hace recuerdo, ese recuerdo que sacude los poros más internos de la mente. Entonces te vas, pero te quedas.
Yo sólo buscaba de la vida recoger las migajas de ternura que alguien como tú dejase en el camino.
Las recogí todas, una a una. Y de nada me quiso.
Las puertas del mundo solo daban vuelta sobre mi rostro.
Mi amor se paseaba por los jardines, quebrantándose de silencio, de soledad, de dolor.
Ya poco de lo que era el amor deseaba, en los pocos pasos de la vida que había pronunciado.
Mis mañanas igualaban mi soledad, apenas brillaban.
Nada igualaba mi dolor, quizás el sol.
¿Por qué te escondiste tanto en el camino?
¿Por qué tu sombra no esperaba su luz?
¿Por qué caminabas a mi espalda como si fueses mi conciencia?
¿Por qué no te supe esperar? Espera, olvídate de mis porqués.
Ya que después del canto, después del tiempo, después de cada cosa, tú estabas allí, diferente en mi camino, donde siempre estabas, donde no te había visto, por no querer levantar la mirada.
Esperándome, quizás como yo te esperaba. Buscándome, como yo te buscaba.
Estabas allí, mejorando las palabras.
Infiltrándote en el pensamiento de mis ojos.
Haciéndote presente, haciéndote mañana.
Por primera vez me sentí la eternidad tan breve.
Si, estabas allí, como ola que se parcha a la orilla de las playas y no se regresa al mar, para acompañarme por toda la costa de la misma y no poderte olvidar. Estabas, sin la palabra regreso. Sosteniendo el azul que te brindaban mis manos en la inmensidad del cielo y al reflejo del mar.
¿Cómo puedo revelarte mi grandeza?
Mi grandeza será quererte. Deja que te quiera, y quédate conmigo.
Quédate conmigo como se quedaron tus ojos infinitos en la
perpetuidad de mi alma, que se te reveló al punto de tu llegada.
sábado, 20 de septiembre de 2008
Quien no castiga el mal...
Cierto día, cuando la inocencia salvaba nuestros años de infancia, y el mundo a nuestro alrrededor era solamente una imagen, en una de esas tantas casas que el destino nos guardo, mientras crecíamos ajenos al hoy que nos esperó, para vivir en la realidad tan latente que ya no se mira al espejo, aprendí una lección que no puedo seguir haciéndola desconocida. Apenas tenía siete años, quizás no podía diferenciar de lo bueno y de lo malo, digo quizás porque ya para mi mente estaba claro lo que era lo bello y lo feo.Mi prima y yo, como todas las tardes, estabamos asomadas al balcón de aquella casa, de aquella de tantas, y de tanto hacer y de tanto no hacer ya nuestras mentes buscaban algo nuevo que recrear.
Abajo, en una amplio jardín que daba frente al balcón, estaban mis otros dos primos (los que compartimos toda una infancia y adolesencia y que lamenteblemente hoy día desconocemos el nombre de los hijos de cada uno), también buscando que hacer y que no hacer.De buena a primera, uno de ellos, en la planta baja, comienza a llamarnos, buscando captar nuestra atención hace cosas que nosotros desde el balcón no podíamos hacer, y de esta manera se burlaban al vernos impotentes y sin poder bajar para donde ellos estaban.
De momento, a mi prima, quien es unos años más joven que yo, lo que en eso entonces conocía menos el peligro y el miedo que yo, decide hacer algo que captara la atención y al mismo momento dejara perplejos a los primos de la planta baja.Con su ‘habilidad de niña’, sube lentamente sobre la verja que adornaba y protegía el balcón, con un equilibrio que no se de donde le salió, caminó sobre ella gritando: “!El circo, miren, el circo...!” Yo le observaba y reía con ella a grandes carcajadas, pero nuestra felicidad no duro mucho, por suerte, porque en ese mismo momento la madre de mi prima entró al balcón, al mirar lo que hacía su hija quedó completamente atónica por unos segundos, luego no dudó de bajarlo de aquella verja bruscamente, pero, lo que más me sorprendió en ese momento es que quien estaba sobre la verja era ella, no yo, pero el castigo mayor cayó sobre mí.
Pasaron muchos años para entender el porque de aquella acción de mi tía, tan injusta para entonces, hasta que leí en los muros de una pared, cerca de una de esas casas que el destino nos guardo: “Quien no castiga el mal, ordena que se haga”.Y entonces, pude comprender el porqué de la acción de mi tia: yo estaba mirando, fomentando algo que estaba mal. De mi prima perder el equilibrio por sólo un segundo, de seguro que esta historia se escribiría de otra manera, si es que acaso se escribiera. Fomenté algo malo, permití que se hiciera, y no dije y no hice nada para evitarlo, es por eso que recibí mi castigo, porque entonces yo era tan culpable como ella.
Al pasar el tiempo ya no tengo que ver en los muros de aquella pared para recordar aquella lección, ahora puedo verlo y vivirlo en la sociedad, principalmente en la vida política, puedo ver como se hace el mal y los que tienen potestad para corregirlo, o castigarlo, no hacen nada, quizás solamente se ríen y disfrutan desde una esquina, como lo hiciera yo desde lo alto de aquel balcón. Se ríen, disfrutan, y fomentan, y no castigan y no impiden el mal.Quizás ahora puedan observar sin hacer nada, pero ellos son tan culpables como los que lo hacen y entonces, al ser culpables, detrás de una puerta saldrá una tia todapoderosa que los castigará, y si se dicen ‘¿por qué?’ para que no pasen la mitad de su eternidad preguntándose lo mismo, dejénme ponerles en este muro de papel aquello que yo leí en el muro de entonces: “Quien no castigo el mal, ordena que se haga.”
Abajo, en una amplio jardín que daba frente al balcón, estaban mis otros dos primos (los que compartimos toda una infancia y adolesencia y que lamenteblemente hoy día desconocemos el nombre de los hijos de cada uno), también buscando que hacer y que no hacer.De buena a primera, uno de ellos, en la planta baja, comienza a llamarnos, buscando captar nuestra atención hace cosas que nosotros desde el balcón no podíamos hacer, y de esta manera se burlaban al vernos impotentes y sin poder bajar para donde ellos estaban.
De momento, a mi prima, quien es unos años más joven que yo, lo que en eso entonces conocía menos el peligro y el miedo que yo, decide hacer algo que captara la atención y al mismo momento dejara perplejos a los primos de la planta baja.Con su ‘habilidad de niña’, sube lentamente sobre la verja que adornaba y protegía el balcón, con un equilibrio que no se de donde le salió, caminó sobre ella gritando: “!El circo, miren, el circo...!” Yo le observaba y reía con ella a grandes carcajadas, pero nuestra felicidad no duro mucho, por suerte, porque en ese mismo momento la madre de mi prima entró al balcón, al mirar lo que hacía su hija quedó completamente atónica por unos segundos, luego no dudó de bajarlo de aquella verja bruscamente, pero, lo que más me sorprendió en ese momento es que quien estaba sobre la verja era ella, no yo, pero el castigo mayor cayó sobre mí.
Pasaron muchos años para entender el porque de aquella acción de mi tía, tan injusta para entonces, hasta que leí en los muros de una pared, cerca de una de esas casas que el destino nos guardo: “Quien no castiga el mal, ordena que se haga”.Y entonces, pude comprender el porqué de la acción de mi tia: yo estaba mirando, fomentando algo que estaba mal. De mi prima perder el equilibrio por sólo un segundo, de seguro que esta historia se escribiría de otra manera, si es que acaso se escribiera. Fomenté algo malo, permití que se hiciera, y no dije y no hice nada para evitarlo, es por eso que recibí mi castigo, porque entonces yo era tan culpable como ella.
Al pasar el tiempo ya no tengo que ver en los muros de aquella pared para recordar aquella lección, ahora puedo verlo y vivirlo en la sociedad, principalmente en la vida política, puedo ver como se hace el mal y los que tienen potestad para corregirlo, o castigarlo, no hacen nada, quizás solamente se ríen y disfrutan desde una esquina, como lo hiciera yo desde lo alto de aquel balcón. Se ríen, disfrutan, y fomentan, y no castigan y no impiden el mal.Quizás ahora puedan observar sin hacer nada, pero ellos son tan culpables como los que lo hacen y entonces, al ser culpables, detrás de una puerta saldrá una tia todapoderosa que los castigará, y si se dicen ‘¿por qué?’ para que no pasen la mitad de su eternidad preguntándose lo mismo, dejénme ponerles en este muro de papel aquello que yo leí en el muro de entonces: “Quien no castigo el mal, ordena que se haga.”
¿Quien quiere no crecer?
Recuerdo que siendo niña admiraba a mis padres por un simple hecho curioso, pensaba, o más bien estaba convencida de que mis padres, al igual que todos los adultos habían sido enviados a este mundo tal y como estaban, adultos. Que los niños siempre seríamos niños y que los adolescentes permanecerían así toda su vida. En cierta manera yo sentía la envidia, porque quería haber nacido adulta, como mis padres. Paso poco tiempo para darme cuenta de que aquella realidad inverosímil era una mala percepción de la inocencia, y que tarde o temprano a mi también me tocaría la 'suerte' de crecer.
Sería tan alta como mi madre, ya deseaba cumplir mis quinces, entrar al bachillerato, llegar a los 18, ir a la uni, graduarme, y… bueno, cuando cruce la barrera de los 23, cuando descubrí que la vida no era blanco y negro si no gris, ya quise ser niña otra vez.Niña, eternamente. ¿Recuerdan aquel niño que no quería crecer, que temía el convertirse en un adulto? Bueno, el traducía la palabra adulto por pirata, y el concepto tiempo estaba atragantado en la garganta de un cocodrilo que sisajeaba devorándolo todo a su paso. Hoy, me gustaría volar por aquella ventana y encontrarme con campanita en la tierra de nunca jamás, ser un bebe por siempre y alejarme de los piratas que todo lo quieren, el dinero, las drogas, el placer, todo lo que envuelve la palabra corrupción y todo lo que no.
Así lo imagino James Barrie, con su obra maestra Petar Pan, nacida en 1904, como obra teatral y convertida posteriormente en novela. Considerado un excéntrico, quizás por el hecho de perder a su hermano a corta edad, o de ver como su madre se dejaba consumir por la locura. Talvez este dramaturgo escocés envolvió a tanto con su hermosa idea de nunca crecer, que definitivamente convenció a cientos de miles que las palabras de Jesús cuando dijera "…de tales es el reino de Dios" eran cien por ciento ciertas. Pero, ¿por qué tenemos que llegar tan lejos en la vida para darnos cuenta que la mejor etapa de la vida es la inocencia?
En mi caso, por ejemplo, llego el momento en que ser niña se había hecho difícil, y anhelaba con gran fervor ver pasar el tiempo para convertirme en un pirata. Hoy, que soy pirata, odio ver pasar el tiempo con tanta rapidez y sin poder detenerlo. Hoy la vida es una carrera contra el tiempo, y como dicen, "si no puedes con el enemigo… entonces únetele." Pero este enemigo no da tregua, ni acepta condiciones, definitivamente Barrie acertó cuando utilizó a un cocodrilo para simbolizar al tiempo. ¿Acaso puedes domar un cocodrilo? Hay quienes los hipnotizan por unos minutos pero no lo usan como mascota en su casa.
Definitivamente el tiempo todo lo devora, solo deja los recuerdos, si nos damos cuenta a tiempo, y despertamos a la vida un poco más jóvenes que lo acostumbrado quizás seamos capaces de disfrutar nuestra niñez un poco más.Nosotros, siendo piratas, queremos en ocasiones hacer que nuestros hijos e hijas abran los ojos, pero la vida es tan cruel que todo lo que cada uno vive debe vivirlo por su propia experiencia. Y entonces crecemos, nada detiene este proceso. Y créanme, no es que tenga miedo a envejecer, pero, ¿Quién quisiera no crecer? Yo estoy convencida también que si eres de los que odia a los viejos, entonces muérete joven. Pero, en todo esto, sobre todo, debemos tener en cuenta que, todos y cada uno llevamos por dentro algo que nunca envejece, nuestro espíritu.
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